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Editorial Nthe


La pandemia tomó por sorpresa al mundo, esperamos que fuera de corto plazo y nadie supo generar las estrategias sanitarias necesarias impedir que creciera sin control. Día a día el número de contagios y fallecimientos sigue creciendo y, al cierre de esta edición, enero 22 de 2021, se registraron 1,800 fallecimientos, la cifra más alta para un día y en 21 días de enero se habían acumulado más de 20 mil personas fallecidas por causa del coronavirus, cifra record para un mes en México. La pandemia sigue sin tener fecha de caducidad, por lo menos hasta que la vacuna se generalice y muestre resultados positivos. Como ya se ha dicho extensamente en la academia y en los medios de comunicación, los efectos de la pandemia han incidido agresivamente en la economía mundial y en las condiciones de vida de las familias, especialmente en el campo del trabajo. Un ejemplo de los anterior, es que ahora nos enfrentamos a conceptos como el de "trabajos esenciales y no esenciales", que conlleva intrínsecamente a pensar en la existencia de "trabajadores esenciales y trabajadores no esenciales"; bajo la circunstancia de la pandemia, trabajos esenciales son los de los sectores energéticos, de la salud, de los alimentos, del transporte público y privado, de los servicios bancarios, del comercio de artículos de primera necesidad. Los "trabajos no esenciales" y, por tanto, "los trabajadores no esenciales", estamos en casa, y aprovechando el desarrollo de la tecnología digital cambiamos el lugar de trabajo y desde la casa realizamos nuestras actividades, contamos con el apoyo de la computadora, la tableta o el teléfono celular, debidamente conectados a Internet. Las video conferencias, el correo electrónico, WhatsApp y mediante las redes sociales, mantenemos nuestros empleos y, de paso, le damos un nuevo impulso a la tecnología digital. Ampliando esta idea, el trabajo no esencial, es el que está presente entre los trabajadores informales, un sector precarizado, que no puede quedarse en su casa porque su lugar de trabajo es la calle, los espacios públicos, los sitios que los habitantes de una localidad o sus visitantes caminan día a día. Ellos simplemente no pueden dejar de trabajar, y poco importa si los declaran esenciales o no, porque de su trabajo depende su sobrevivencia. Y está el amplio grupo de desempleados, quienes tienen que buscar la forma de insertarse al mundo laboral, el trabajo gravita alrededor de ellos porque saben que con pandemia o sin ella, tienen que procurarse los medios de subsistencia para él y su familia. Tampoco podemos omitir en estos tiempos, la dualidad del trabajo, su rostro positivo: generador de riqueza, de identidad, su potencial liberador, contra su rostro negativo: enajenante, degradante, creador de diferencias sociales. Frente a esta dualidad, asumimos la postura de impulsar la búsqueda de sentido del trabajo y, aunque suene a utopía o tontería, generando un capital simbólico que nos permita abrir nuevas vetas al trabajo como sinónimo de libertad. Por otra parte, en México, El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), presentó lo que podríamos denominar un balance de este 2020 en materia laboral. La información muestra que estamos viviendo una situación muy complicada en materia de trabajo y, desde luego en la pobreza que está creciendo en el país, debido, principalmente, aunque no es la única razón, a la pandemia. El CONEVAL construyó el índice de Tendencia de Pobreza Laboral (ITPL) y a través de este indicador va presentando periódicamente el porcentaje de la población con un ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria y que, por tanto, resulta insuficiente para alimentar a una familia promedio de cuatro personas. Los estados de la República Mexicana que están por encima del promedio nacional de pobreza laboral (44.5%) son: Chiapas, CdMx, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tlaxcala y Veracruz. De ellos, los estados con mayor grado de pobreza laboral son: Chiapas, donde 69.3% de los trabajadores no cuentan con los recursos necesarios para alcanzar el valor de la canasta básica; le sigue Guerrero con el 62.6%, Oaxaca, con 60.4%, Hidalgo, 55.1% y Veracruz con 55%. La dura realidad exhibe que la pandemia ha golpeado con fuerza a todos los trabajadores, pero lo hace con mayor rigor sobre los grupos más vulnerables, en este caso con los trabajadores, formales e informales, de los estados más pobres del país. Entre el tercer trimestre de 2019 y el tercer trimestre de 2020, el ingreso laboral disminuyó 6.7%, el promedio nacional de pobreza laboral pasó de 38.5 a 44.5%. En el espacio de las familias mexicanas, se debería tener un salario mayor a 1,676 pesos por persona en las zonas urbanas y de 1,206 pesos por persona en las zonas rurales, para estar por encima de la línea de la pobreza laboral. En otras palabras, una familia de cuatro personas debería tener un ingreso de siete mil pesos mensuales para vivir en el marco de lo que establece la Ley Federal del Trabajo y que encontramos bajo el concepto de salario digno o trabajo decente de acuerdo a la conceptualización de la Organización Internacional del Trabajo. Al revisar las cifras del tercer trimestre del año 2020, las tendencias indicaban un relativo descenso en los indicadores de contagios y fallecimientos, situación que se reflejó en la generalización de los semáforos amarillos en los estados de la República, sin embargo, el último semestre de 2020 y el inicio de 2021, son fatales, la crisis sanitaria se ha profundizado y se abre un nuevo periodo de endurecimiento de las medidas sanitarias que afectarán, sin duda, a las actividades laborales, a los empresarios y a los trabajadores. Derivado del contexto anterior, el CONCYTEQ ha considerado oportuno recopilar estudios que relacionan a la pandemia con el trabajo; los artículos que ponemos a la consideración de los lectores de la revista, aportan argumentos, ideas, reflexiones y propuestas sobre la problemática actual. Las y los investigadores, de fuerte y reconocida trayectoria académica, despliegan sus conocimientos con un tono crítico y argumentado, sobre la relación pandemia-trabajo; la preocupación central, es entender la nueva dinámica de los procesos laborales provocados por el coronavirus en el ámbito del trabajo; como bien se ha señalado en medios de comunicación y redes sociales la crisis sanitaria es desencadenante de otras pandemias, en la economía, el trabajo, el medio ambiente, la violencia que se ejerce contra las mujeres, por mencionar algunos. Sana distancia, suspensión de clases, cancelación de eventos masivos, drástica disminución del empleo, reconfiguración de las actividades cotidianas, incremento de la violencia familiar y afectaciones a la salud mental, constituyen características básicas que están reconfigurando al mundo y a nuestras vidas, la actividad cotidiana sufre cambios a los que todavía no sabemos cómo encararlos; desde luego, que el ámbito del trabajo ha sido uno de los sectores más afectados tanto en términos numéricos (pérdida de empleos, cierre de empresas, disminución del consumo), como en cuestión de las transiciones a las actividades virtuales. Estamos cerrando el mes de enero de 2021, la incertidumbre respecto al fin de la pandemia sigue presente; por ello, este número especial espera ser una contribución a la reflexión porque comparte visiones académicas para comprender la dinámica de la situación actual. La contingencia sanitaria producto del Covid 19, nos ha mostrado no sólo lo endeble que es la especie humana en términos orgánicos y sociales, sino que ha venido a catapultar la importancia del trabajo en el mundo moderno. Aunque pase desapercibido, lo cierto es que el trabajo sigue jugando un papel central en esta pandemia.


Dr. Marco Antonio Carrillo

Director de la Revista Nthe

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